PROCURAR LA MADUREZ ESPIRITUAL


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LA MADUREZ ESPIRITUAL

 

Nuestro llamado es muy alto, mucho más de lo que podemos imaginar o entender. La tierra prometida a los israelitas también tenía este carácter: fluía leche y miel, había higos, granadas y un racimo de uva tenían que traerlo entre dos (Números 13:23).

 

Este supremo llamamiento excede lo que nosotros podemos esperar, supera nuestros más amplios límites de lo posible. Dios espera que no lo limitemos y que no nos condicionemos: nos habla de perfección de plenitud, de semejanza a Cristo aún de mayores obras que él.  No podemos reducir lo que Dios se ha propuesto con nosotros. Esa misma incredulidad es la que nos condiciona.

 

  • Pobres en espíritu

La pobreza en espíritu es el estado más alto de espiritualidad, es el que nada necesita para ser feliz fuera de Dios. Es el que se ha despojado de todo, se ha vaciado, se ha anonadado. Es el que ha soltado toda pretensión ante Dios, ha renunciado a sus derechos y ha depuesto todo conflicto y capricho ante la voluntad de Dios.

Es en esta pobreza en el espíritu que estamos en condiciones de ser exaltados por Dios, algo que está presente en su corazón.

Mateo 5:3  Bienaventurados los pobres en espíritu,  porque de ellos es el reino de los cielos.

Filipenses 2:5-9  Haya,  pues,  en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual,  siendo en forma de Dios,  no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo,  tomando forma de siervo,  hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre,  se humilló a sí mismo,  haciéndose obediente hasta la muerte,  y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo,  y le dio un nombre que es sobre todo nombre.

 

  • Semejantes a Cristo

Es en esta condición de pobreza espiritual donde es posible esa transformación hasta hacernos conformes a la imagen de Cristo.

Romanos 8:29  Los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo.

Gálatas 4:19  Hijitos míos,  por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto,  hasta que Cristo sea formado en vosotros

2 Corintios 3:18  Por tanto,  nosotros todos,  mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor,  somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen,  como por el Espíritu del Señor.

Colosenses  3:10 Revestido del nuevo (hombre) el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno.

Procurar la madurez espiritual: mensaje predicado por Juan Manuel Montané y publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

  • Mayores obras

Es en este contexto de pobreza espiritual, en esta voluntad de Dios de exaltarnos en medio de los contextos que vivimos que puede ser posible esta promesa: Jesús se compromete con nosotros a que obras mayores que él haremos porque él va a la presencia del Padre.

Juan 14:12 El que en mí cree,  las obras que yo hago,  él las hará también;  y aún mayores hará,  porque yo voy al Padre.

 

  • Perfectos

Mateo 5:48  Sed,  pues,  vosotros perfectos,  como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Filipenses 3:15-17 Así que,  todos los que somos perfectos,  esto mismo sintamos;  y si otra cosa sentís,  esto también os lo revelará Dios […] Hermanos,  sed imitadores de mí,  y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.

Colosenses 4:12 Siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones,  para que estéis firmes,  perfectos y completos en todo lo que Dios quiere.

El concepto bíblico de perfección (en griego: “teleios”) es muy diferente a lo que nosotros entendemos por perfección. Pensamos que perfección significa ausencia de error, el concepto bíblico implica que alcanza el máximo de sus posibilidades, que ha alcanzado su propósito (griego: “telos”) Un bebé es perfecto en su condición de bebé pero si no crece es imperfecto.

 

  • Plenitud

Efesios 3:19  (Sean plenamente capaces) de conocer el amor de Cristo,  que excede a todo conocimiento,  para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

Con el concepto bíblico de plenitud pasa lo mismo que con el concepto de perfección. Plenitud (en griego “pleroma”) es algo que ha sido llenado en forma completa.

Juan 10:10 He venido para que tengan vida,  y para que la tengan en abundancia.

Romanos 5:17  Mucho más reinarán en vida por uno solo,  Jesucristo,  los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.

Juan 15:11  Estas cosas os he hablado,  para que mi gozo esté en vosotros,  y vuestro gozo sea cumplido.

Procurar la madurez espiritual: mensaje predicado por Juan Manuel Montané y publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

EL PROBLEMA DE LA FALTA DE MADURACIÓN: LA ETERNA NIÑEZ ESPIRITUAL

La niñez espiritual es una de las tragedias más grande de la Iglesia.

Todo lo que tiene vida tiende a crecer, naturalmente sin esfuerzo.

Lucas 12:27  Considerad los lirios,  cómo crecen;  no trabajan,  ni hilan;  mas os digo,  que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

El crecimiento es el proceso natural de lo que tiene vida, cuando no hay crecimiento es porque algo está enfermo.

 

La niñez espiritual trae graves consecuencias para el crecimiento de todo el cuerpo de Cristo, por eso cuando hablamos de ministerios para perfeccionar a los santos en su capacidad de servicio, el propósito de esos ministerios es que dejemos la niñez espiritual porque los niños espirituales terminan siendo influenciados por todo viento de doctrina y afectando al crecimiento de todo el Cuerpo.

Efesios 4:14-15  Para que ya no seamos niños fluctuantes,  llevados por doquiera de todo viento de doctrina,  por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor,  crezcamos en todo en aquel que es la cabeza,  esto es,  Cristo.

Tenemos que dejar de ser niños espirituales

1 Corintios 13:11 Cuando era niño hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño.

Uno de las características y condicionamientos de un niño es que: tiene demasiada conciencia de sí mismo y nada de conciencia de las necesidades de los demás. Esta deficiencia se debería ir equilibrando con la madurez aunque muchas veces nunca se consigue

Una persona que adolece de esa conciencia del otro es alguien que solo se interesa en sí misma, no puede ver más allá de sí mismo , pretende que los demás vivan pendientes de él, que perciban sus necesidades y corran presurosos para resolverlas, que al encontrarnos con sus defectos lo justifiquen  y puedan entender su debilidad.

Procurar la madurez espiritual: mensaje predicado por Juan Manuel Montané y publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

  • Tenemos que dejar de hablar como niño

Deja de hablar de nosotros mismos todo el día, de lo que nos duele, de nuestros problemas, de nuestras victorias, de lo que nos compramos.

  • Tenemos que dejar de pensar como niño

No estar tan preocupados por lo que opinan de nosotros, no estar tan pendiente de la opinión de los demás, no estar mendigando un poco de aprobación.  Hay una noticia que puede no gustarnos: los demás no están tan pendientes de lo que somos o hacemos.

  • Tenemos que dejar de juzgar como niño

Ver los problemas en los demás. Dejar de lado los celos y las contiendas, el reclamar nuestros derechos, de ofendernos si no nos tienen en cuenta.

 

El gran problema que tenemos que resolver, en relación al crecimiento espiritual, es la falta de interés y disposición a crecer.  Crecer implica modificar cosas, renunciar, ser transformados y muchos no quieren.

No se da cuando de su necesidad, de su condición: “yo soy grande”.

Espiritualmente, la situación es más dramática, los demás se dan cuenta de que es un niño espiritual pero se cree grande.

Uno de los pasos importantes a la madurez es darnos cuenta que no somos lo que creemos ser. Tenemos que desconfiar de nuestro pensamiento acerca de nosotros mismos.

Dos características de la falta de madurez espiritual: la carnalidad y la religiosidad  (Caracterizados por el hijo menor y el mayor de la parábola del hijos prodigo)

La carnalidad es el gobierno de la carne en lugar del gobierno del Espíritu.

Una vez que comenzamos la vida cristiana tenemos dos opciones andar en la carne o andar en el Espíritu. El proceso natural, aquello que me permite dejar de lado la niñez espiritual, es el aprender a ser guiado por el Espíritu Santo. Cuando no encuentro el camino para aprender a depender del Espíritu “en todo” quedo librado a mis propios recursos y trato de responder a todas las demandas propias del crecimiento espiritual con el esfuerzo de mi voluntad.

Andar en la carne no necesariamente es andar en pecado, puedo hacer muchas cosas buenas en la carne: puedo orar en la carne, servir en la carne, predicar en la carne, es decir con mi esfuerzo natural. La carne es egoísta, no se puede convertir, a la carne hay que hacerla morir, debilitarla para que no tenga injerencia en mi vida.

 

La carnalidad es la evidencia de la perpetua niñez espiritual, un niño caprichoso es desobediente, irresponsable, se ofende, culpan a los demás de todo lo que les pasa, están interesados siempre en recibir, en ser reconocidos y elogiados.

 

Una evidencia muy concreta de esta niñez espiritual es la búsqueda de satisfacción inmediata que nos conduce al materialismo (el valor que le damos a las cosas materiales). Si un niño tiene que escoger entre un billete y un chocolate, elige el chocolate mientras el billete le podría dar miles de chocolates. Para el niño carnal los bienes materiales tienen mayor valor que los bienes espirituales: es la condición del hijo pródigo.  Crecer económicamente tiene más valor que satisfacer el corazón de Dios. Cuesta reconocer nuestro apego a lo material pero basta con evaluar nuestro monólogo interno: en qué estoy pensando,  qué estoy dialogando conmigo mismo; evaluar en qué gasto mis esfuerzos y mi tiempo, tiene que haber un equilibrio.

Romanos 8:5-13  Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne;  pero los que son del Espíritu,  en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte,  pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios;  porque no se sujetan a la ley de Dios,  ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. […] Así que,  hermanos,  deudores somos,  no a la carne,  para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne,  moriréis;  mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne,  viviréis.

Procurar la madurez espiritual: mensaje predicado por Juan Manuel Montané y publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

La otra característica de la inmadurez espiritual es la religiosidad.

La religión es una deformación de la espiritualidad, cuando uno deja de ser guiado por el Espíritu cae en la religiosidad. El problema es que la religión construye un sistema de obras por las que una se siente justificado, por las que se acalla la conciencia. Al cumplir con esa obras uno se siente satisfecho (orar, leer la Biblia, ir a las reuniones, hasta predicar, etc.). La religión está relacionada con obras, la espiritualidad con una relación con un Dios vivo, que no podemos acomodar a nuestro gusto, que no lo podemos encasillar, que cada vez que lo queremos colocar en un sistema no se deja domesticar.

El problema más dañino de la religiosidad no es que acalla nuestra conciencia sino que nos convierte en jueces de lo que no hacen lo que nosotros hacemos.

Procurar la madurez espiritual: mensaje predicado por Juan Manuel Montané y publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

El problema del hermano mayor es que no sabe celebrar fiesta, no puede disfrutar de las riquezas de su padre. El hijo mayor termina criticando a sus hermanos menores y a su padre, el haría las cosas mejor. Las implicancias espirituales de esta condición son muy dramáticas.

Dios obra en nosotros para conducirnos a la madurez espiritual

El modelo de madurez es la paternidad espiritual, es el que aloja a los demás en su corazón, nunca deja de dar, es el que va a buscar al otros, el que siempre abraza.

Procurar la madurez espiritual: mensaje predicado por Juan Manuel Montané y publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

Necesitamos dejar la niñez espiritual. Al  no crecer renunciamos a todo aquello que Dios nos tiene preparado, no logramos apropiarnos de aquello por lo cual Dios nos escogió. Entonces, otro ocupa nuestro lugar, en el reino de Dios el que no crece retrocede.

 

Hay dos caminos muy concretos y complementarios  que tenemos que transitar para dejar de ser carnales y religiosos.

  • Ser edificados en la Palabra de Dios
  • Ser guiados por el Espíritu de Dios

Corolario

Volviendo a la Tierra prometido, ese lugar de madurez y de plenitud a la que el Señor nos conduce, que no es ni mas ni menos que Cristo.

En el desierto el maná, las codornices descendían del cielo, llovían no había que hacer nada más que recibirlas.

En la Tierra prometida a la leche y a la miel hay que buscarla, hay una medida que depende de nosotros.

Procurar la madurez espiritual: mensaje predicado por Juan Manuel Montané y publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

 

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