APRENDER A JUZGARNOS UNOS A OTROS


Es un tema un poco complejo de entender.

La falta de claridad al respecto tiene cierto peligro.

Especialmente en tiempos tan postmodernos como los que vivimos donde reina el pensamiento débil y donde todo es líquido, light e instantáneo

Hay dos mandamientos que no son excluyentes que son complementarios.

Mateo 7:1  No juzguéis,  para que no seáis juzgados.

Juan 7:24  No juzguéis según las apariencias,  sino juzgad con justo juicio.

Nuestra mente está estableciendo juicios continuamente sobre todo.

Sería prácticamente imposible obedecer este mandamiento entendiéndolo como no emitir juicio sobre otros.

No se trata de juzgar sino de aprender a juzgar con justo juicio.

APRENDER A JUZGARNOS UNOS A OTROS

Un mensaje predicado por Juan Manuel Montané

Publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

COMO NO TENEMOS QUE JUZGAR

Juan 7:24  No juzguéis según las apariencias,  sino juzgad con justo juicio.

¿Cuál es el justo juicio?

a) No juzgar las intenciones del corazón.

El problema es el juicio subjetivo,

1 Corintios 4:3-5  Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros,  o por tribunal humano;  y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia,  no por eso soy justificado;  pero el que me juzga es el Señor. Así que,  no juzguéis nada antes de tiempo,  hasta que venga el Señor,  el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas,  y manifestará las intenciones de los corazones;  y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

 El apóstol se refiere a juzgar las intenciones de su corazón.

Sería muy necio si no analizara su conducta y el fruto que está produciendo. ¿Cómo haría los ajuste necesario?

Por otro lado, como decimos siempre nos estamos juzgando.

El límite está en el juzgar las intenciones, mías o de los otros. Esto está reservado para el día del juicio cuando sólo Dios puede juzgar las intenciones del corazón.

– Es malo, es soberbio, lo hace por envida, por celos.

Esos juicios son los que nos están vedados

 b) No menospreciar al otro.

El problema es el juicio descalificante.

Romanos  14:10  Pero tú,  ¿por qué juzgas a tu hermano?  O tú también,  ¿por qué menosprecias a tu hermano? 

No puedo menospreciar el valor ni el servicio que hace mi hermano, ya que lo hace para el Señor.

Romanos 14:4  ¿Tú quién eres,  que juzgas al criado ajeno?  Para su propio señor está en pie,  o cae;  pero estará firme,  porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.

El límite en el sentirme superior a mi hermano.

Levítico 19:15  No harás injusticia en el juicio,  ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande;  con justicia juzgarás a tu prójimo.

c) No condenar

El problema del juicio punitivo

Romanos 14:22 Dichoso el que no se condena a sí mismo con lo que aprueba.

Para resolver culpas, responsabilidades y castigos uno de los requisitos indispensables es el conocer la totalidad de los hechos y fundamentalmente las “dos campanas”.

Situaciones de la que gozan aquellas personas convocadas para dirimir una situación.

Necesito reconocer nuestra parcialidad en la mayoría de las situaciones que se nos presentan a diario para invalidar esa tendencia a establecer culpas.

APRENDER A JUZGARNOS UNOS A OTROS

Un mensaje predicado por Juan Manuel Montané

Publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

COMO TENEMOS QUE JUZGAR

a) Siguiendo el modelo de Jesús

El juicio conforme a la voluntad del Padre

Juan 5:30  No puedo yo hacer nada por mí mismo;  según oigo,  así juzgo;  y mi juicio es justo,  porque no busco mi voluntad,  sino la voluntad del que me envió,  la  del Padre.

Juan 8:15-16  Vosotros juzgáis según la carne;  yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo,  mi juicio es verdadero;  porque no soy yo solo,  sino yo y el que me envió,  el Padre

Juzgar en el Espíritu no en la carne.

No buscando establecer mi voluntad, mis derechos, mis puntos de vistas sino representando la voluntad del Padre.

b) Examinando el fruto.

El juicio objetivo

Mateo 7:15-20  Guardaos de los falsos profetas,  que vienen a vosotros con vestidos de ovejas,  pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.  ¿Acaso se recogen uvas de los espinos,  o higos de los abrojos? Así,  todo buen árbol da buenos frutos,  pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos,  ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto,  es cortado y echado en el fuego. Así que,  por sus frutos los conoceréis.

 c) El juicio como una responsabilidad gobierno

1 Corintios 5:12-13  ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará.  Quitad,  pues,  a ese perverso de entre vosotros.

1 Pedro 4:17  Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios;

1 Corintios 6:1-6  ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?  Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros,  ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?  ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?  ¿Cuánto más las cosas de esta vida? Si,  pues,  tenéis juicios sobre cosas de esta vida,  ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? Para avergonzaros lo digo.  ¿Pues qué,  no hay entre vosotros sabio,  ni aun uno,  que pueda juzgar entre sus hermanos,  sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio,  y esto ante los incrédulos?

APRENDER A JUZGARNOS UNOS A OTROS

Un mensaje predicado por Juan Manuel Montané

Publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

LA GRAN ADVERTENCIA

Lucas 6:36-45  

Sed misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis,  y no seréis juzgados;  no condenéis,  y no seréis condenados;  perdonad,  y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se os dará en vuestro regazo. Porque con la medida con que medís, se os volverá a medir.”

Entonces les dijo una parábola: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?

El discípulo no es superior a su maestro, pero cualquiera que es plenamente instruido será como su maestro.

¿Por qué miras la brizna de paja que está en el ojo de tu hermano pero dejas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que yo saque la brizna de tu ojo’, sin que mires la viga que está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la brizna que está en el ojo de tu hermano.

No es buen árbol el que da malos frutos, ni es árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol es conocido por su fruto; pues no se recogen higos de los espinos, ni tampoco se vendimian uvas de una zarza. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón, presenta lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón, presenta lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla la boca

Esta es la enseñanza central: misericordia quiero y no juicio.

Cuando veas la falta de tu hermano, el mal fruto del corazón de tu hermano, no lo condenes.

Sino: perdona, provee, acércate, ocúpate.

No es cuestión de negar el problema (un ciego no puede ayudar a otro ciego) sino ser parte de la solución del problema (poder sacar la paja del ojo de tu hermano).

Si te quedas con el juicio condenatorio te condenas en ese mismo juicio.

En cambio si actúas con misericordia con la misma medida se te volverá a medir.

Santiago 2:13 Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia.

 ¡La misericordia se gloría triunfante sobre el juicio!

APRENDER A JUZGARNOS UNOS A OTROS

Un mensaje predicado por Juan Manuel Montané

Publicado en el blog: “Soltar la Palabra”

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