LAS ASTUCIAS DE NUESTRA CARNE


A – CARNALIDAD

Romanos 8:7-8  Los designios de la carne son enemistad contra Dios.

No se sujetan a la ley de Dios,  ni tampoco pueden.

Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Necesitamos desesperadamente la acción del Espíritu Santo porque nos proponemos desenmascarar todas las artimañas de la carne.

Una de sus obras más acabadas, es un sentimiento poderoso, muy opresivo.

Que se transforma en algo adictivo, acompañado de una sensación de bienestar

Es la esencia del masoquismo que en su desarrollo se transforma en algo verdaderamente perverso:

LA AUTOCOMPASIÓN

Sentir lástima de mi mismo.

Cuando tengo una dificultad o un malentendido con alguien.

Se produce en mi interior este sentimiento de autocompasión.

1 – Quisiera explicarte como es que funcionan los sentimientos.

Para explicar esto veamos como funciona el llanto.

Hay una tristeza en mi interior, cuando la descubro y participo de esa tristeza entonces se produce esa explosión y puedo llorar.

Es por eso que algunos pueden provocar el llorar.

Y algunos hasta manipular con el llorar.

Tan sólo provoco esa tristeza “me doy manija” y lloro.

Romanos 7:5  Las pasiones pecaminosas obran en nuestros miembros llevando fruto para muerte.

 Las circunstancias o principalmente las relaciones, los diálogos que tenemos con otros

provocan en nuestro interior sentimientos que van fluyendo en nuestro interior:

como en un río subterráneo.

Cuando tomo conciencia de lo que estoy sintiendo, lo vivencio, participo.

Ahí tengo dos respuestas, lo rechazo o lo potencio.

Entonces estimula a mis pensamientos  y se produce una explosión interior.

Esto es válido para esos sentimientos carnales como para esos sentimientos espirituales.

Cuando estamos en la presencia de Dios.

El Espíritu provoca muchas cosas en mi interior.

Cuando participo de ellas, por ejemplo del gozo se produce esa explosión de gozo en mi interior.

Volviendo a la autocompasión.

Una circunstancia, un malentendido con alguien provoca un sentimiento en mi interior.

Entonces comienza ese monólogo interno.

Monólogo que es esencial monitorear porque es la esencia de nuestra vida espiritual.

Me siento víctima.

Realmente no me merezco que me pasen estas cosas.

Nadie entiende lo que sufro.

Siempre he sido tratado injustamente.

Comienzo a recordar todo lo que he sufrido.

Y ahí operan espíritu que nos provocan

Nos aplastan recuerdos trágicos, muchos de los cuales fueron exagerados por nuestra imaginación.

Así es como funcionan estos sentimientos, estas pasiones carnales.

La ira, el enojo, la envidia, los celos, etc.

Todos funcionan de la misma forma.

Hay algo que los provoca, hay una participación de ese sentimiento, hay una realimentación y una explosión.

Es la exaltación de mi yo, exacerbación de mi conciencia de mi mismo.

–         Los demás no me entienden.

–         Hago las cosas mejor que los demás.

–         Nadie hace las cosas como me parecen a mí

Esta es la actitud básica del enojo, de la ira y de la violencia contenida o expresada

Que las cosas  se hagan de una forma distinta a la mía

Que las cosas no salgan como yo quiero.

Y este enojo en última instancia es contra Dios.

Me enojo contra las personas, contra las circunstancias pero contra quien me estoy enojando es contra Dios porque no hace las cosas como yo quiero.

Romanos 1. No le doy la gloria a Dios.

Entonces Dios nos abandona a nuestros sentimientos, a la tiranía del yo

Dios mismo nos está hablando y susurrando a tu oído:

Deja de sentir lástima por vos mismo.

Deja de creer que vos sos el que la tenes clara.

Deja de ser el centro de todo,

Deja que las cosas no salgan como vos queres.

Que las cosas las haga Dios y como el las quiera hacer.

3 – Quedamos  aprisionados  por medio de nuestros sentimientos  a nuestra carnalidad.

Aprisionados como en un chaleco de fuerza que nos obliga a la introspección.

 Gálatas 5:17 

El deseo de la carne es contra el Espíritu,  y el del Espíritu es contra la carne;  y éstos se oponen entre sí,  para que no hagáis lo que quisiereis.

 B – EL AISLARME DEL OTRO

 1 –  La consecuencia de nuestra carnalidad es que nos aislamos de los demás.

 La carnalidad me aísla y me separa de los demás.

Porque no existe el otro, sino sólo yo.

No hay afectos de nadie, ni de los que mejor me aman, solo yo.

Me aísla con sentimientos fuertes que distorsionan mi percepción de la realidad.

Por un lado, me conozco o me reconozco en el rostro del Otro.

Cuando el rostro me manifiesta desaprobación o incomprensión.

Me lleva a replantearme quien soy y me descubro.

El otro me sirve de referencia para poder evaluar mi espiritualidad.

Cuando veo al otro moverse en el Espíritu.

Cuando tengo que ministrar, me doy cuenta de lo que no hay en mi interior.

Cuando me provoca, cuando me agrade

Me doy cuenta de lo que hay en mi interior.

 2 – Al aislarme del otro también me abstengo de recibir de la gracia que Dios ha puesto en el otro para mí.

Dios ha puesto gracia en cada uno de nosotros para edificar al otro.

No hay ninguno entre nosotros que Dios no haya diseñado para expresar algo de su Gloria.

A asilarme me separo del otro y  se empobrece mi vida

Al aislarme del otro quedo sumido en mis prejuicios.

Lo veo al otro como una amenaza.

Alguien que me quita la libertad de hacer y ser lo que quiero.

No podemos crecer espiritualmente si no aprendemos a depender de otros.

A beber de la gracia que el otro tiene.

No podemos crecer si no tenemos una actitud de aprendizaje del otro.

Y esto no lo digo desde el que tiene que enseñarles a todos.

Dios ha puesto gracia en cada uno de Ustedes para edificar mi vida.

Y yo tengo que aprender a beber de la gracia que Dios ha puesto en ti.

Hay hermanos que van a tener mucho más reconocimiento que yo en la eternidad.

Eso que yo estoy trabajando mirando la gloria venidera.

Acá hay hermanos separados, viudos, solteros, que están llevando la soledad en victoria como ofrenda a Dios.

Acá hay hermanos que están llevando el dolor de una enfermedad y lo están llevando con victoria.

Acá hay hermanos que están viviendo situaciones realmente corrosivas en sus familias, con familiares inconversos y con familiares violentos.

Acá hay hermanos mayores que llevan el gozo de alcanzar el fin de sus vidas viviendo la victoria del Señor.

Dios está en medio de nosotros susurrando a nuestro oído.

No prejuzgues.

Mirá la gracia que puse en tu hermano.

Consideralo  superior.

No consideres que lo sabes todo

No pienses que haces todo bien

Estas enfermo, enfermo de carnalidad.

3 – La otra consecuencia e mi carnalidad es que impido que el otro reciba de mi ministración

Uno de los problemas más serios para que nuestro pozo no deje de fluir.

Es tratar con otro de los sentimientos más acabados del egoísmo.

Y muy propio de la posmodernidad en que estamos viviendo.

La apatía.

La apatía es muy característica de los jóvenes de hoy porque no hay cosas externas que los movilizan sólo son movilizados por las pasiones carnales y egoístas.

No hay nada externo que me conmueva, nada que me interese.

No es que no hayan sentimientos pero se mueven en un capa muy profunda, que los puedo ignorar con toda facilidad

 En la medida que quiera dar Dios me va a dar.

Mucho quieren la llenura del Espíritu

Quieren pozos que broten.

El poder del Espíritu es para ser testigo.

El pozo es para que muchos vengan a beber.

CONCLUSIÓN

Tiene que haber un giro copernicano, no es la tierra el centro sino el sol.

No soy yo el centro.

Soy yo quien va a Dios, cargado y trabajado

Soy yo quien tiene que ir a mi hermano. No es mi hermano que viene a mí, 

Y no voy con las manos vacías

Voy a buscar lo mejor para poder darle lo mejor.

Por eso quiero dejar de ser carnal, quiero vivir en la abundancia de la gracia para comunicar gracia, ministrarle a Dios y ministrarle a mi hermano.

Gálatas 5:24  Hemos crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

 Gálatas 6:8  Porque el que siembra para su carne,  de la carne segará corrupción;  mas el que siembra para el Espíritu,  del Espíritu segará vida eterna.

 Romanos 8:6  Porque el ocuparse de la carne es muerte,  pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

 

 

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