1 – LA FAMILIA HERIDA


1.1 LAS HERIDAS FAMILIARES

1.1.1 EL DOLOR RELACIONAL

La familia es un sistema abierto en un constante intercambio con el entorno.

Con conductas que se repiten y se instalan, que le otorgan singularidad

Con un conjunto de creencias que asigna significado a su particular manera de leer el mundo.

Buenas intenciones y dolor relacional

Esa continua interacción entre sus integrantes llenos de buenas intenciones pero con las limitaciones de sus debilidades y sus propias heridas conduce al dolor relacional, que es el dolor psíquico producido por toda desilusión relacional.

Desilusión relacional.

Toda relación humana significativa incluye una fantasía de plena satisfacción.

La completud es una ilusión imposible de perdurar, tarde o temprano el ser humano se enfrenta con sus límites, con la imposibilidad de alcanzar/lo todo.

La desilusión es inevitable en toda relación humana.

La sanidad de las relaciones surge de superar esta desilusión

En la aceptación del otro se construye una relación donde es posible un adecuado intercambio de aportes mutuos.

1.1.2 CONDUCTAS DE AUTOPROTECCIÓN.

La crianza, los errores en la vida, las pérdidas, los fracasos dejan huellas en nosotros.

Crecemos llevando dentro nuestro estos dolores.

Dolores por las relaciones, por las desilusiones y dolores por las pérdidas.

Ese dolor puede ser tan grande que no nos permite recibir el amor de Dios y el amor de los demás.

Cada herida no sanada produce un dolor en nuestro interior que mantiene viva la herida, la mantiene vigente.

Ese dolor ocupa nuestra atención cada vez que lo revivimos y nos condiciona en el relacionamiento con los demás.

Tenemos que dejar que Dios consuelo nuestro dolor.

Que sane nuestro corazón herido y lo deje apto para una nueva siembra.

Salmo 56:8 Tú llevas la cuenta de mis huidas; tú recoges cada una de mis lágrimas. ¿Acaso no las tienes anotadas en tu libro?

Esconder el dolor

Para protegernos de seguir sufriendo, escondemos el dolor.

Nos incomoda cada vez que aparece

Y nos encerramos para que otros no nos lástimen.

Pero los demas se dan cuenta de lo que nos está pasando: sangra por la herida.

Las familias heridas que no aprenden a manejar el dolor lo esconden.

Se desarrollan tres tipos de conductas en este esconder el dolor.

a) no hablar, de eso no se habla, los trapos sucios se lavan en casa.

Hay un pacto de silencio de no contar lo que pasa puertas adentro.

Para los de afuera todo esta bien, son conductas de ocultamiento, hipocresía y apariencias.

Se ocultan debilidades que averguenzan, violencia familiar y pecados.

b) no sentir, como hay cosas dolorosas se propone olvidar para no sufrir.

Es una porpuesta de esconder los verdaderos sentimientos que nos angustian, escondiendo situaciones como si nunca hubieran ocurrido.

A veces por miedo al perder el control, no hay lugar al enojo, a la discusión.

Se opta por la paz de un cementario, perdemos espontenidad y alegría.

c) no confiar, la primera perdida de confianza se da en el incumplimiento de las promesas de nuestros padres. La confianza es la posibilidad que Dios le dio al ser humano de poder descansar en otro. Cuando no podemos confiar tratamos de controlar todo. Una persona controladora no puede encontrar descanso porque no puede confiar en nada, ni en nadie.

1.1.3 CONDUCTAS DISFUNCIONALES

Son conductas que funcionan pero funcionan negativamente.

Estas conductas son más visibles para los observadores externos.

Una conducta se construye por retroalimentación, habituación y adaptación.

Como en el caso del alcohol;

retroalimentación: se vuelve a tomar en mayor cantidad para producir el mismo efecto que el original;

habituación: se repite la conducta hasta formar el hábito;

adaptación: el cuerpo se acomoda y necesita esa dosis para funcionar.

Las conductas disfuncionales son de las más variadas y tenemos que procurar descubrirlas.

La ira, el silencio, la violencia, la gritería, la manipulación, la crítica, el chisme, la victimización, el culpar a otros, el perfeccionismo, etc.

1.1.4 MADURACIÓN DEL CONFLICTO

Las heridas no se sanan con el tiempo.

Las heridas se sanan con la verdad

Es la verdad la que nos hace libres.

Toda herida no tratada irá afectando nuestras relaciones a lo largo de la vida hasta que esa herida llega a un etapa de madurez estalla y supura.

Es por eso que muchos de los conflictos familiares terminan estallando en el comienzo de la adultez, desde los 30 a los 40 años

Debería ser una etapa de maduración en las relaciones familiares, comienza una etapa de revalorización de los padres.

Sin embargo al no tener resuelto adecuadamente los conflictos de la niñez se potencian los conflictos al entrar en el juego otros actores: los conyugues y los hijos (nietos) desatando nuevas y poderosas pasiones.

Los conflictos de la vida, las inseguridades propias del vivir, el conflicto propio de un efectivo vínculo marital provocan una necesidad de volver a solidificar el vínculo paterno.

Los hijos (nietos) movilizan los sentimientos puestos en juego, ya sean repitiendo en los nietos los roles adoptados por los padres o lo que es más conflictivo invirtiendo estos roles.

Es tiempo de trabajar viejas heridas que pueden haber quedado sin resolver.

Es tiempo de dialogo.

Muchas relaciones entre hermanos y conflictos con los padres, hacen eclosión en esta etapa de la vida.

Se deterioran por conflicto o por apatía, relaciones tan importantes en el desarrollo de las personas como lo son los vínculos cruzados: cuñados, tíos y primos.

Disgregándose la familia y haciéndose muy difícil la integración con las otras familias políticas.

1.1.5 LA VIOLENCIA FAMILIAR

Hay sociólogos que afirman que la violencia en la sociedad es causada por las necesidades insatisfechas del hogar.

Los sentimientos que desatan en la frustración de las relaciones familiares producen algunas de las emociones más violentas propias de la naturaleza humana.

Los celos entre hermanos es una de las emociones que pueden llegar a extremos inusitados de violencia.

El dolor por la insatisfacción del amor paterno y materno.

El celo de un padre cuando su hijo es maltratado o menospreciado por otro.

La familia diseñada para sanar produce heridas profundas.

Todos esos hijos heridos caminan por nuestras calles dispuestos a manifestar su ira en cuanto tienen oportunidad.

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